Se nos ha dicho que el milagro es un objeto de la fe, dado que debemos conceder la realidad de un hecho que no podemos comprender, explicar o apenas descifrar. Sin embargo, la idea religiosa del milagro, en la que éste se realiza por medio de la interacción del hombre con lo divino, es fantástica y por ello, quizá, imprecisa. En el uso no sólo religioso sino vulgar del término, el milagro es el cumplimiento de un deseo o la realización de la voluntad humana de una forma inexplicable, pero que implica la participación de Dios o lo divino en el devenir de nuestra vida individual. Se trata de un caso de éxito en el llamado de un hombre a Dios. Éste ha vuelto la mirada hacia él y ha concedido lo imposible.